Quizas vivo en una realidad determinada por personas totalmente alejadas a mi existencia, moviendome en trenes y camiones atestados de personas, teniendo como objetivo el diario cumplimiento de mi trabajo. Compartiendo los medianos objetivos de supervivencia de la bola que me rodea; de cuando en cuando encontrando un rayo de esperanza que aparece entre la gente y entre las calles; entre los autos y los edificios, limitandome a percibir de vez en vez los pequeños milagros que el juegos de la luz del sol realiza con todo aquello que me rodea.
Pienso que poco a poco nos fueron arrebatando de los paraisos en loa que todos viviamos, cuando una parte de nosotros empezo a descubrir los beneficios un mundo de avances y de comodidades y así una gran mayoria de nosotros fuimos separados de la tierra y las flores y de toda la magia y misticismo que nuestros antepasados fueron desarrollando hacia los elementos primarios de nuestra naturaleza.
Y así sin ser consciente he tenido que trasladar todo mi sistema de creencias a algo que se adapte exclusivamente a lo que me rodea, así estoy centrado en todo aquello que pueda repercutir en un mejor nivel de vida mio y junto conmigo de un buen número de millones de seres humanos que encuentran escazas satisfacciones, seguridades y esperanzas en su devenir del día a día.
Así ví pasar el 2 de Julio del 06 esperanzado en atestiguar en mi país un radical cambio pólitico, surgido de las elecciones presidenciales que vivimos; el resultado, sin embargo; lo podemos atestiguar, un presidente ilegitimo surgido de un proceso plagado de irregularidades, presidente que no hace más que prometer que todo seguirá como está hasta el día de hoy, para beneficio de un puñado de acaudalada gente.
Pero para mi ha sucedido algo que no deja de ser muy especial, si bien es cierto que la medida de la desesperanza es del tamaño del que se habia forjado la ilusion del cambio, esto me motivo a asistir a los movimientos sociales que se originaron después de la fecha de las elecciones, dandome así la oportunidad de conocer a personas que claman hacer presentes en nuestras vidas nuestras raices precolombinas, quienes reclaman respeto a nuestra naturaleza y a todos los pueblos que constituyen mi país.
Así tengo que decir que hoy en mi vida existe una nueva realidad, sigo viajando en trenes y camiones atestados de gente, sin embargo hay días en los que el pueblo se hace presente. Hace algunos días abordaron el metro una joven mujer y su hijo con ropa de la que uno dudaría un estado de reciente limpieza. A los pasajeros nos contaron una serie de historias sobre habitantes de la época de la colonia en el estado de Puebla, sobre esclavos negros traidos para trabajar con mayor capacidad que los habitantes del lugar y a precios más económicos, y entre relato y relato pretendían amenizarnos con algunas interpretaciones musicales, interpretadas en lenguas autoctonas desconocidas ,supongo, que para la mayoria de quienes marchabamos en innumerables recooridos.
Mi inseparable incredulidad me hacian dudar que una mujer de aspecto común, tennis económicos, sucios y maltrechos; por el solo hecho de portar un rebozo artesanal, pudierá ser una auténtica representante de nuestras culturas originales. Sin embargo quisé mantenerme mi atención en ellos para tratar de encontrar elementos que me hicieran llegar a alguna conclusion sobre su autenticidad.
En esta experiencia me sentí casi todo todo el tiempo invadido por una intensa emoción que la música, de letra incomprensible para mi, logró transmitirme. En el breve momento que duró esta actuación cambie mi percepción sobre los animadores que comento. La limpieza pasó a segundo termino y de los rostros que comento lo que era más perceptible era una belleza muy sencilla, quizas resaltada por el refugio de la sencillez que la albergaba. Los rostros resultaban tan semejantes que se hacía patente el lazo maternal por el que estaban unidos.
Mientras los observaba pude observar una alegre comunicación entre estas dos personas constituida por sonrisas miradas y movimientos, que sobre todo transmitían una gran armonia entre ellos.
Mi conclusión coronada por una amplia aportación de donaciones a nuestros animadores, situación poco usual incluyendo la mia, resulto ser que era demasiado absurdo y quizas rídiculas las inquietudes e insignificancias a las que les estaba prestando atención. El sentimiento más fuerte en mi era que estaba emocionado y que tenía la sensación de que en mi prisión de calles y edificios, de autos y trenes, el pueblo se había acercado no solo a mi, sino a un grupo amplio de compañeros coincidenciales, a regalarnos un rayo de esperanza.
Hoy en mi país tenemos que soportar a un tirano entronizado en el poder del estado de Oaxaca, que muestra un absoluto desprecio de la vida, que en los pasados seis meses ha cobrado la vida de unas veinte personas, sin embargo, no ha podido acallar el reclamo del pueblo, el gobernador auxiliado por la aniquilante fuerza militar del estado, ha desatado una guerra de exterminio contra los lideres visibles del movimiento popular, desarrollando una estrategía fascista ha justificado la intervención del ejercito, declarando que el ejercito está presente con la exclusiva finalidad de preservar el orden de la ciudad, pero en los hechos, la ha utilizado para perseguir e intentar aniquilar a los lideres del movimiento.
Pero para sorpresa del tirano la APPO ( asamblea popular del pueblo de Oaxaca ) le ha demostrado que si aniquila una cabeza de su movimiento, hará surgir otras tres para mantenerse viva hasta conseguir la caida del tirano, que ni todo el miedo que pretende infundir el dictador será suficiente para eliminar el movimiento que pretende destituirlo. La APPO se ha manifestado sobre todo como un movimiento pacífico, que no renuncia de ninguna manera a esta via para conseguir la destitución del dictador.
Encuentro una película sobre los sandinistas en Nicaragua ( La canción de Carla ) y me emocionan al máximo las más profundas manifestaciones populares de alegria, esperanza con las que un pueblo enfrenta la adversidad de una guerra.
Y así creo que puede existir una alternativa a una sombria realidad que a toda una nación se nos ha ido imponiendo.